martes, 29 de enero de 2013

Sin opción de elección

      Expectantes miran la pantalla. No saben lo que verán; tampoco quieren imaginarlo. Intentan abarcarlo todo con la mirada; pero sus pequeños ojos le limitan la visión. Pestañean varias veces, recorriendo con avidez la gran pantalla.
                                                 La sala se ilumina. Empieza el espectáculo.
Tras sus varias máscaras de sonrisas, se aprecia que no le gusta lo que ven. Pero nadie lo expresa en voz alta.
                                            ¿Quien será el primero que diga la verdad? 
Se limitan a observar con elocuencia. Intentando fingir lo que no sienten. Intentando ocultar, en  vano, el gran esfuerzo que hacen por no asustarse...
                                    Pero repito, ¿Quien será el primero que diga la verdad?
              Las palabras mueren en los labios, tan rápidamente como llegaron a sus pensamientos.
    La pantalla se apaga lentamente, mientras la música de fondo se ralentiza, prácticamente hasta apagarse.
        Se van levantando de los asientos. Se limitan a reírse y a comentar. Cualquier sentimiento expresado en sus fracciones simétricas está prohibida por parte de esta sociedad que les dice como debemos de sentirnos en cada momento.
                                                             Sin opción de elección.
                                              La sala queda vacía. Las sonrisas apagadas.
                     Sólo sus corazones serán la prueba de que en algún momento estuvieron ahí.
       Oh quizás no. 
Una gota perlada, yace en el regazo de una butaca. Sola. Sin más compañía que la soledad de ese infierno. Una pequeña lágrima salada. Testigo de las injusticias que fueron proyectadas en esa sala. Sus labios están sellados de por vida y sus ojos lastimados con rabia.
                                            Pero pregunto, ¿Será ella la que diga la verdad?

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